La Historia Virginia Vallejo y Pablo Escobar

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La Historia Virginia Vallejo y Pablo Escobar

La Mujer que influyó en La Historia de Pablo Escobar

Dicen que Virginia Vallejo solía repetir que su vejez la quería vivir lejos de los ojos del público. Para ser recordada con esa imagen perfecta de anuncio publicitario. Por razones diferentes a la vanidad, esta diva -la primera gran vedette que tuvo el país- ha vivido guardada entre las paredes de su casa la mayoría de los días de estos últimos doce años. Su nombre estaba en la oscuridad hasta el domingo pasado, cuando salió a confirmar lo que por años había negado: su relación sentimental con el capo Pablo Escobar.

El nombre de Virginia Vallejo surgió con fuerza en el país en los años 70. Empezó a verse como modelo de comerciales (aún se recuerdan sus escotes anunciando galletas); fue la imagen irremplazable de las medias veladas Ritchie y presentadora de noticieros como TvSucesos y 24 Horas.

Quienes compartían con ella la recuerdan como una mujer inteligente que poco tenía que esforzarse para cumplir con su trabajo. En los noticieros estaban acostumbrados a que llegara apenas minutos antes de salir al aire. Se aprendía el libreto -no había telepronter- y lo decía sin falla. “Memoria prodigiosa.
Excelente presentadora”, dicen colegas suyos que hoy prefieren hablar de forma anónima sobre la que fue su amiga.

Graduada del colegio Anglocolombiano, Vallejo domina desde joven el inglés y el francés y se caracterizaba por estar bien informada: tanto de las últimas noticias de la realeza inglesa como de los movimientos de la bolsa de Nueva York. Pero también dejó la imagen de mujer altiva y vanidosa, a veces soberbia, que no se dejaba ver si no estaba arreglada. Parece que la relación que tuvo con el director de televisión argentino David Stivel (su segunda unión, después de estar casada por meses con el caleño Fernando Borrero), se acabó pronto entre otras cosas por su exceso de vanidad. Dicen que Stivel hablaba de lo aburrido que estaba de una mujer que había decidido dormir en camas separadas para que no la vieran en la mañana sin maquillaje.

El idilio

Sabía aprovechar su figura de mujer bonita. Fue de las primeras en protagonizar un desnudo en la portada de una revista, en el magazín Aldía. Mujer soñada por muchos, se codeaba con lo más selecto del poder (amiga cercana de varios ex presidentes). Se probó en el mundo de la actuación -más por sus contactos que por sus dotes histriónicas-, primero en el cine, con películas como Colombia Connection (1979) , una parodia sobre un agente secreto que busca capturar a un narcotraficante. Esta era una historia de ficción. En la vida real, según dijo Vallejo el domingo pasado en El Nuevo Herald, su entonces novio, Aníbal Turbay Bernal, recién fallecido, le presentó a Escobar. Era 1982.

Su relación sentimental con él surgió pronto. Y para las personas cercanas a Vallejo eso no era un secreto. Escobar la recogía en la oficina, por ejemplo; conversaban por teléfono y ella lo llamaba por su nombre. La veían en discotecas en compañía del capo. Vallejo lo entrevistó en el programa que ella presentaba (en la programadora que alcanzó a tener un par de años y terminó por quebrar). En esos momentos el narcotráfico no recibía la condena pública de hoy.

“Me enamoré de él -dijo en El Nuevo Herald-. En alguna época creo que él me quiso mucho. Yo me enamoré de un filántropo, un hombre adorado por su pueblo. Recorrí con él y con Santofimio (Botero) los pueblos de Antioquia. Era un ídolo. Movía multitudes”.

Vallejo era testigo de excepción por su cercanía no solo con Escobar, sino con los Rodríguez Orejuela. Al tiempo, seguía en la televisión. Era el cincuenta por ciento de la famosa -pareja show-, con Jorge Barón. Y trabajaba también en programas del Grupo Radial Colombiano (que era propiedad de los Rodríguez).

Siempre bella. Con una belleza natural y ayudada por el quirófano.
Fue también pionera de las cirugías plásticas en el país. Según personas cercanas, se operó los senos y, en dos oportunidades, la nariz. No quedó conforme con la primera operación, realizada en el país, y buscó nada menos que al más famoso de los cirujanos plásticos del mundo: el brasileño Ivo Pitanguy.

Pero su realidad empezó a cambiar. “Vivía diciendo que la estaban persiguiendo, se le veía paranoica”, dicen. Los comentarios sobre su relación con el narcotraficante empezaron a generalizarse y hacer mella. “Su carrera de presentadora se le acabó por cuenta de eso”. Vallejo desapareció de las cámaras. Ya no la buscaban como presentadora ni periodista. Su ausencia dio lugar a rumores que, de repetirse, se creyeron ciertos: que se había escondido porque un amante le había desfigurado la cara; que tenía sida.

Vallejo explicaría después esa primera ausencia, de finales de los 80 y principios de los 90, con un viaje a Alemania a verse con su muy citado (aunque nunca nadie lo vio) conde alemán, de quien se había enamorado. Esto lo dijo en 1991, cuando reapareció en la televisión con un papel en la novela Sombra de tu sombra, de Caracol. Pero pronto aparecieron los problemas. No se aprendía los libretos, llegaba tarde y exigía el cambio de escenas del día a la noche porque no le gustaba que la grabaran en horas tempranas: amanecía fea. Esto llevó a los libretistas a desaparecer su personaje. Llegó a la radio, en Todelar, en un programa de chismes.

En soledad

Para todos era evidente que la Virginia de entonces ya no era la misma (parafraseando a su admirado Neruda). “Estaba muy sola, muy mal, con un gran resentimiento hacia los medios”, dice una ex compañera. De tiempo atrás se había alejado de su familia, tanto de su mamá como de sus hermanos (uno de ellos médico reconocido), que le reprochaba su idilio con Escobar.

No tuvo hijos. En una entrevista aceptó que no quería tenerlos para no dañar su silueta. Hacia 1993, año en el que murió Escobar, Vallejo dejó su trabajo en la radio. No se volvió a saber de ella, luego de haber sido la consentida de los medios y la alta sociedad. Si acaso se veía en un almuerzo ocasional. Algunos dicen haberla visto en las oficinas de una entidad pública en busca de recuperar obras de arte que habían sido parte de la extinción de dominio.

Se sabía que llevaba una vida austera (plata, dicen, no le dejó su relación con el capo) y dedicada a la venta de productos cosméticos por intermedio de cadenas de vendedoras.

Algunos que han tenido acceso a la Virginia del 2006 dicen que su belleza se conserva, pero que es evidente su problema visual (se le nota por su forma de leer, de caminar). “Me estoy quedando ciega”, dijo en sus recientes declaraciones. Comentó que tiene pendiente una operación, pero no tiene recursos económicos. Dicen que Vallejo fue víctima de una gran estafa de la que aún no se recupera.

Todo fue naufragio

Quienes la han visto hoy concluyen lo mismo: es una mujer sola. Aislada. Ha estado en una especie de detención domiciliaria voluntaria acompañada de su madre, con quien al final volvió a reunirse. Muchas de las personas que compartieron trabajo y amistad con ella se preguntan: ¿Cómo pudo esta mujer enamorarse de una persona como Escobar? ¿Cómo, con su educación y su talento, pensó que a su lado iría como Evita Perón o Manuelita Sáenz?

La opinión gira desde quienes la ven como un personaje que fue usado por las grandes figuras del poder en el país, hasta quienes opinan que su ansia de poder la llevó a donde está o que su suerte la buscó ella misma. Una u otra, o las dos, o ninguna, hoy Virginia Vallejo, con 56 años (59, dicen algunos), ya no está en la residencia que la guardó durante este último decenio.

En días pasados recuerdan haberla visto con un libro en las manos: de poemas de Neruda, dedicado a ella por Pablo Escobar y Santofimio Botero (libro que es una de las pruebas que ella presenta como reflejo de la cercanía que existía entre estos dos personajes). En las páginas de la Canción desesperada, Virginia Vallejo escribió la fecha de muerte de su ex amante: Dic. 2/1993.

Son los versos que ella le dedicó cuando supo que había muerto; palabras que repitió con dolor hace unos días: Todo en ti fue naufragio.

Fuente: http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-3007222

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